Soynadie

6 octubre, 2012

Te mostramos la verdadera cara de Adelson este multimillonario, el rey de los casinos. Y nuevo jefe oculto del PP

Filed under: General — soynadie @ 19:49


El hombre que quiere levantar en los alrededores de Madrid la nueva Las Vegas ha puesto precio a la Casa Blanca. Sheldon Gary Adelson está dispuesto a donar 100 millones de dólares para colocar a un hombre blanco en el 1600 de Pennsylvania Avenue que sea conservador, simpatizante sin fisuras de Israel, respetuoso con los impuestos que pagan los ricos, amante del juego, valiente ante los sindicatos de trabajadores, que no se ruborice con la prostitución y el alcohol y que recupere el nombre y el prestigio de América en el mundo. El multimillonario estadounidense está convencido de que su apuesta de 100 millones será la ganadora en las próximas elecciones presidenciales norteamericanas y devolverá el Despacho Oval a los republicanos.

El decimosexto hombre más rico del mundo, con una fortuna personal de unos 25.000 millones de dólares, ha decidido crear en España su complejo Las Vegas en Europa porque está seguro de que el negocio del juego tiene mucho futuro en el Viejo Continente (empobrecido, en crisis y lleno de gente que quiere dar el gran golpe en las máquinas tragaperras o el póquer y que busca nuevos desafíos). Y él ha aprendido que no hay desafío que más adrenalina genere que ganar a la casa en la mesa de un casino.

A pesar de que parece un hombre débil, aquejado de una enfermedad nerviosa que le obliga a caminar con dificultad y a tomar muchas medicinas, Adelson no necesita ayuda para defenderse de aquellos que en Las Vegas, China, Washington o Wall Street ponen en duda la salud de sus negocios.

Como dueño a medias con su esposa –la doctora Miriam Ochshorn– de Las Vegas Sand Corporation, supervisa un imperio urbanístico, de juego y turismo que incluye dos de los más lujosos casinos de La Strip, la avenida principal de la ciudad más conocida del estado de Nevada.

The Venetian y el Palazzo son las joyas de su corona, junto con la Sand Expo y el Convention Center, donde médicos, abogados, banqueros, petroleros, policías, bomberos y contables celebran sus reuniones anuales en las que los discursos se bañan con vino, cuentas de resultados y muchas mujeres. Además tiene casinos en Pennsylvania, Singapur y Macao, el lugar del mundo donde en los últimos años se han incrementado más los ingresos procedentes del juego y donde tiene invertidos unos 12.000 millones de dólares en este momento. Ello le convierte en el mayor inversor en China y sus aledaños.


FRENTE AL PRECIPICIO

Probablemente influido por los movimientos, acertados o calamitosos, de los jugadores a los que controla desde las pantallas de vídeo de seguridad de sus oficinas en The Venetian, Adelson también es un gran aficionado al riesgo; a jugarse el todo por el todo, como hizo en 2007 cuando estuvo a punto de perder su imperio. Porque para alcanzar las playas de Asia se cargó con una deuda que los bancos y los inversores sospechaban que era imposible que pudiera pagar. En poco menos de dos años perdió unos 25.000 millones de dólares y el valor de las acciones en bolsa de Las Vegas Sand Corporation cayeron un 99%.

No es bueno apostar en contra de Adelson, y los ejecutivos que lo hicieron dentro de su compañía, los bancos y los inversores lo pagaron muy caro. Porque este magnate norteamericano sabe husmear el viento como nadie y convencido de que llevaba razón y de que el futuro del juego estaba fuera de Las Vegas puso casi 500 millones de dólares de la fortuna de su familia para salvar su empresa y levantarse de sus cenizas. Triunfador, victorioso y visionario, en los últimos tres años ha recuperado unos 22.000 millones de dólares del dinero que había perdido y ha ganado en este tiempo más que ningún otro norteamericano. Incluidos Mark Zuckerberg, Warren Buffett o Bill Gates.

Adelson, de 78 años, aprendió muy pronto a defenderse de sus rivales y adversarios con los puños. No en vano se crió en el barrio de Dorchester, en Boston, donde era necesario saber pelear para que un joven judío de origen lituano pudiera subsistir. Los días eran muy complicados en el pequeño apartamento de una habitación que compartía con su padre –un taxista nacido en Lituania–, su madre –costurera con raíces galesas y ucranianas– y sus tres hermanos. Los padres dormían en el colchón familiar y los hijos sobre mantas en el suelo. El camino a la Roxbury Memorial High, la escuela en la que aprendió los números, era el momento más complicado del día porque los chicos irlandeses del barrio, matones que acabaron muchos en las mafias bostonianas, solían aporrear cada dos por tres a los chavales judíos con cadenas y tubos.

La primera vez que Adelson pidió dinero prestado, algo que ha hecho a lo largo de su vida en muchas ocasiones a familiares, amigos o a los bancos, fue a un tío suyo, que le dejó 200 dólares para comprar un quiosco de periódicos.


REFRESCOS Y CHOCOLATES

REFRESCOS Y CHOCOLATE

A los 16 años decidió reinvertir el dinero que le daba la venta de las noticias diarias en comprar máquinas expendedoras de refrescos, chocolate y frutos secos, y colocarlas en las gasolineras abiertas las 24 horas del día, donde el tráfico de clientes y taxistas, como su padre, estaba garantizado. De la escuela al ejército, y después de una breve carrera militar, a vendedor de anuncios en una revista de Wall Street. En Nueva York comprobó que las pequeñas empresas tenían muchos problemas para lograr financiación de los bancos y se aventuró por vez primera en el mundo de los negocios como intermediario entre tres docenas de pymes y los bancos de Massachusetts.

Sus conexiones con pequeños bancos le permitieron a principios de los 70 acceder a créditos para comprar apartamentos y oficinas. Y a los primeros hoteles baratos en los alrededores de Boston, a una pequeña aerolínea con cinco aviones y a una agencia de viajes y vacaciones.

La segunda decisión más importante en su vida –la primera dice que fue su matrimonio con su actual esposa Miri– fue anticiparse a todo el mundo y adivinar que los amantes de los ordenadores, que en la década de los 70 vivían escondidos en habitaciones, garajes y sótanos, necesitaban un lugar para romper su timidez y hablar con sus amigos del alma. En 1979 organizó la Conferencia Comdex en Las Vegas, primero con un pequeño grupo de casetas en las que los aficionados a los ordenadores podían sentarse durante horas a hablar de sus juguetitos cuadrados con pantallas en blanco y negro. Adelson se percató de que esa gente también consumía bebidas, iba al casino y, los menos tímidos, aprovechaban las oportunidades que les daba la noche de Las Vegas para divertirse lejos de sus mujeres, novias celosas o madres vigilantes.

Y por eso en 1989 decidió invertir con varios socios 128 millones de dólares en el Casino Sand, el que fuera centro de operaciones de Frank Sinatra y sus amigos del Rat Pack.

Su segunda esposa, Miri Ochshorn, una doctora israelí divorciada con quien se casó en 1991, le convenció durante su luna de miel en Venecia de que Las Vegas necesitaba algo de romanticismo y amor para que las mujeres que acompañaban a sus maridos a convenciones y negocios a la ciudad no se sintieran solas y aisladas… y no quisieran irse jamás.

De esa idea nació The Venetian y su decisión de derrumbar el Sand y levantar en el solar, con una inversión de 1.500 millones de dólares, una Venecia de cartón piedra en la que es posible pasear y navegar en góndola por canales de lujo con bolsas de los mejores diseñadores de joyas y ropa del mundo, comprarse un coche de carreras, dejarse un millón de dólares en una apuesta en salas de juego para gente vip y cenar un menú con caviar llegado ese mismo día de Rusia o trufas recogidas 24 horas antes en Italia.

Los Adelson, él y ella, comprendieron muy pronto que Las Vegas era mucho más que un agujero para jugadores empedernidos o para hombres de negocios que durante la semana se dejaban el dinero en los casinos y los burdeles locales y el sábado y el domingo regresaban a sus casas con sus esposas y sus hijos y acompañaban a todos a misa de once.

Él fue el empresario que transformó la ciudad del vicio en una nueva Disneylandia con atracciones para toda la familia. Un lugar en el que los padres pueden disfrutar del juego mientras sus hijos pasan el día en hoteles que son parques de atracciones con todo tipo de juegos… para niños. Restaurantes, playas artificiales, zoológicos, cines, teatros y tiendas donde las mejores firmas de moda del mundo están presentes por obligación.

De Las Vegas a Macao, a la sombra de Hong Kong, y un mercado de 200 millones de habitantes chinos que hablan inglés con acento londinense muy aficionados al juego. Y de allí a Singapur, una ciudad estado, limpia, ordenada, rica y con un estándar de vida que es la envidia de Asia. Ahora ha puesto el ojo en Europa y es afortunadamente en España donde quiere que su Spanish Las Vegas atraiga a los europeos a sus puertas. Puertas es lo que ha tenido que derribar siempre en sus negocios, como admitía en una reciente entrevista que concedió a la revista Forbes. “Me encontré con muchas puertas cerradas por una variedad de razones: mi religión, mi educación, mi estatus económico… Por eso tuve que abrirlas y aprendí que si hacía cosas de manera diferente al resto, mis esfuerzos serían recompensados”. Y esfuerzos –y muchos– ha dedicado desde hace décadas a defender los intereses de Israel en EE UU, así como a representar al estado judío en Washington y en todo el mundo. Defiende con orgullo sus raíces judías y la primera vez que visitó Israel en 1988 se puso los zapatos de su padre, que nunca había podido pisar la tierra de sus ancestros, para que el antiguo taxista lituano le acompañara, en espíritu, en su viaje.

Diplomático en la sombra, amigo de reyes, empresarios, deportistas, intelectuales y millonarios, Adelson ha convertido la defensa de Israel en una más de sus múltiples obligaciones diarias, junto con la lucha contra las drogas, a la que ha dedicado una ingente cantidad de dinero para construir centros de rehabilitación en EE UU e Israel, desde que en el año 2005 perdió a consecuencia de la drogodependencia a uno de los hijos de su primer matrimonio.

De forma anónima Adelson también ha donado más de 150 millones de dólares para la construcción de alas de investigación en hospitales, la creación de cientos de becas en universidades públicas y privadas y la edificación de museos y centros de estudios judíos por todo EE UU. La defensa a ultranza del estado judío sin dar concesión alguna a los palestinos le unió pronto a Newt Gingrich, el antiguo presidente republicano del Congreso estadounidense en la época en la que el demócrata Bill Clinton estaba en la Casa Blanca durante los años 90.

Durante las dos últimas décadas, el matrimonio Adelson ha colaborado con 17 millones de dólares en la campaña de Gingrich, aunque nunca tanto como desde inicios de este año cuando tanto Sheldon como Miriam firmaron un cheque de 5 millones de dólares cada uno para lograr que Gingrich llegara a la Casa Blanca. Algo que no ha sido posible porque el candidato que se enfrentará a Barack Obama será Mitt Romney, a quien la pareja comienza a acercarse cada vez más gracias a la mediación de Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí del que Adelson es amigo desde hace décadas.

“No quiero influir en la carrera electoral, pero si lo tengo que hacer lo haré”, ha dicho para garantizar que los republicanos vuelvan a dormir en la Casa Blanca. Aunque ese sueño le cueste 100 millones de dólares.

Mara®

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